No me quiero operar
Una de cada cinco mujeres tiene uno o varios miomas a lo largo de su vida. Un mioma no es nada grave, ni nada que vaya a alterar el transcurso de la vida, pero, dependiendo de su evolución y tratamiento, sí que puede alterar al menos algún que otro mes dentro de la vida de una mujer.
Hace unos años me dijeron que tenía un mioma. 5 cms. Lo suficiente pequeño para dejarlo estar, lo suficiente grande como para que la doctora me sugiriese que lo operase. "Operarme yo???" "Ni hablar!" Busqué otras opiniones, y cuando alguien (un médico, entiéndase) me dijo que no era necesario operarme, me quedé tranquila y seguí con mi vida, como si nada. Revisiones anuales, todo igual y a seguir ignorándolo. Con mi pádel, mi pilates y correr.
La duda
Tras varios años ignorando el mioma, un día o mejor dicho
una noche, descubrí una pelota, tamaño pelota de tenis en mi abdomen. Visible y
totalmente palpable. Os imagináis el susto. Barajé todo tipo de posibilidades y
en ningún momento me acordé del mioma. Pues sí. El ginecólogo me lo confirmó.
El mioma había incrementado de tamaño y tenía ahora 7,5 cms. Vuelven a plantear
la operación. Ya no podía eludir tomarme en serio esta posibilidad.
Antes de seguir contando, quiero pararme un momento y hacer
la reflexión: Por qué? Me lo he preguntado muchas veces desde entonces: qué he
hecho diferente para que de pronto y en un intervalo de 6 meses el mioma
incrementase tanto de tamaño? Los médicos dicen que se desconocen las causas.
Que cada mujer es un mundo. Y que cada mioma se comporta de manera diferente.
Primero lo achaqué al estrés. Este saco graaande, muy grande, donde acaban
todas nuestras preguntas sin respuestas. En mi caso, sí que había pasado por un
periodo de estrés laboral, de muchos disgustos y de sentirme infravalorada a
nivel mujer. Ya sabéis, lo típico de: no queremos mujeres en este departamento;
está de mal humor porque tiene la regla; las mujeres de 40 años ya son viejas….
etc. En mi nuevo puesto me ponía trajes tipo ejecutivo, hombre, para asegurarme
que yo era una más, o casi mejor decirlo: uno más. NO quiero decir que todo esto me haya provocado
el mioma. Solo observo esta coincidencia con un momento en el que, ser mujer,
era un problema en mi vida profesional.
Otra causa que podría nombrar es un tratamiento hormonal con
Zoely. Al mes de iniciar el tratamiento, he notado la pelota de tenis en mi
abdomen. Los médicos no tienen claro que tenga algo que ver (algunos han dicho
que sí, otros que no), pero a mí, desde luego, me cuesta creer en esta
coincidencia.
Volvamos al mioma. En la consulta con la ginecóloga me
plantean la operación. Me comentaron que podría ser laparoscópica, aunque
estaba un poco al límite por tamaño del mioma.
Yo, en aquel momento estaba aún en la fase de: yo no me opero. Tras
hablarlo con mi médico de familia, me convencí que la operación era necesaria.
NO, no se trataba de quitar el útero. NO, no se trataba de dejar de ser fértil.
NO, no se trataba de dejar de ser mujer, como mi consciente me susurraba al
oído. Lo operación se llama miomectomia e interviene solamente en eliminar los
mioma. Se hace de 2 maneras hoy en día: laparoscópica y laparotomía (o
clásica).
Una vez decidida la operación, inicié una carrera en buscar
médicos, opiniones, centros médicos, métodos modernos… De todo esto cabe
mencionar que hay una posibilidad de evitar la operación a través de un método
relativamente más novedoso que es la radiofrecuencia. Yo lo descubrí y lo
valoré con la doctora María Luisa Cañete, especialista en este campo. En mi
caso, no aplicaba, dado el tamaño y sobre todo el volumen del mioma (algo que
descubrí con la doctora: que mi mioma tenía un volumen bastante alto).
La Segunda Opinión
Otro aspecto en el que me gustaría detenerme, es la importancia de
la segunda opinión. El primer planteamiento, en mi caso, era la intervención
laparoscópica. Tenía ya programada la operación y la documentación firmada y
preparada bajo esta decisión. Y yo, en mi empeño de que sea lo menos invasiva
posible, encantada con ello. Sin embargo,
solicité una segunda (y tercera) opinión, y cambié totalmente de enfoque.
En mi caso, repito, mi caso, al tratarse de un mioma grande
en tamaño y volumen y otros dos más pequeños, el tiempo quirúrgico en una
intervención laparoscópica se alargaría hasta casi 5 horas. Cuanto mayor es el
tiempo quirúrgico, mayor es el riesgo de la operación y el tiempo de recuperación. Luego, existía la posibilidad/probabilidad de
no lograr el éxito vía laparoscópica y tener que pasar a la laparotomía
(cirugía abierta) durante la intervención. La doctora me explicó muy
gráficamente que existía la posibilidad (bastante alta en mi caso) de acabar
con los 3 agujeros de la laparoscopia y también con el corte en el abdomen. Y
como yo había pasado por una cesárea y ya tenía una cicatriz (muy mona ella,
por cierto), la doctora de la segunda opinión me recomendó la laparotomía
(tiempo quirúrgico estimado: 1 hora y media – 2 horas). Otra diferencia entre
los dos procedimientos es que “vía laparoscópica se quitan los miomas que se
ven y vía laparotomía se quitan los miomas que se ven y se palpan” (cito tal
como me lo explicaron). Vuelvo a decir que este ha sido mi caso, y que por
supuesto, no se aplica a otras situaciones. Sin embargo, buscar una segunda
opinión, sí que lo podemos hacer tod@s ante una decisión de esta índole.
Bien, ya sabía cómo debería ser mi operación. Pero cómo
planteo yo esto al equipo con quien tenía programada la operación vía
laparoscópica? 😕 Me cité con la jefe de equipo de ginecólogos del centro donde me
iba a operar y le plantee mis dudas. En seguida vio mi preocupación y al
analizar todos los datos, coincidió con que el mejor método era la laparotomía.
Cambiamos en seguida toda la documentación y la hoja de ruta de mi operación.
Qué había pasado? Cómo es posible que se plantee un método y
luego, al mirar los datos, se plantee otro. No lo sé. Falta de rigurosidad en
analizar los datos? Algún tipo de objetivos del centro de alcanzar un número de
operaciones laparoscópicas? Falta de experiencia de la doctora que me programó?
No lo sé. Decir que estoy muy agradecida a la jefe de equipo por como me ha
atendido, como ha cambiado el método, sin importarle el orgullo medico de su
compañera, y posteriormente por como me ha operado. 🙆 🙆 🙆
La Preparación
Ya tenía fecha para la operación. Quedaba 1 mes y medio, y
con vacaciones de por medio. Yo hago parte de esta especie de personas que siempre
piensa que hay algo que puedo hacer. Siempre fui bastante activa, me gusta
hacer deporte, el padel de los viernes, las rutas de senderismo, esquiar en
invierno, bailar, correr, pilates. Me aterrorizaba la idea de tener que estar
un tiempo sin hacer deporte. Y por supuesto, por qué negarlo, pensé que iba a
engordar durante la baja, tanto tiempo de cuidarme, se iba a ir al garrete. Este fue mi plan:
- Puntual a mis clases de pilates. Más abdomen profe, por favor! Que luego ya no podré practicar un tiempo.
- Correr todos los días / o andar el equivalente (a ver, no nos volvamos locos, digo correr unos 3-4 kilómetros)
- Tomar hierro, siempre tuve anemia
- Una semi dieta – sin azúcar y con menos hidratos de carbono (adelgacé 2 kilos)
- Trabajar hasta el último momento (menos pensar, más felicidad)
- Comprarme botas nuevas de trekking. No las iba a utilizar en breve, ya lo sabía, pero era mi promesa de volver a ser yo lo antes posible
La Operación
El día anterior estuve trabajando hasta tarde, ya sabéis, se
hundiría la empresa sin mí ☺. En el último momento, y gracias al consejo de una amiga, me compré una bata y unas zapatillas para
el hospital. Ah, y me quité
la laca de las uñas que, por
lo visto, no se puede entrar en una operación con las uñas pintadas! Ah, y
llegó mi madre! Esta persona tan fundamental en un momento así.
De
la operación poco puedo decir. Te duermen y punto. En mi caso anestesia total.
No te enteras de absolutamente nada. Me desperté en la uci, con bastante dolor,
pero en seguida me pusieron unos calmantes, y me encontré mejor. Este primer día, he de decir, que tuve
bastante dolor e incomodidad, me sentía un poco mareada y con nauseas, por la
anestesia, y tenía mucha sed. Al principio no me dejaron beber nada durante
varias horas. Todo bastante soportable, y que se hizo llevadero con los
cuidados de las enfermeras y de mi familia.
Por la tarde intentaron sentarme pero estuve a punto de desmayarme y me
volvieron a tumbar. Al segundo intento (ya por la noche), todo ha ido mucho
mejor y he podido estar sentada 20 minutos.
Para resumir, en total estuve 3 noches en el hospital, el primer día he estado
con la sonda (impresiona más de lo que luego molesta) y las perfusiones de
calmantes. A partir del segundo día, todo se quita y se inicia la recuperación.
Empecé a caminar despacito, acompañada al principio, luego sola. Cada vez un
poco más. Se hizo aparatosa la primera ducha (segundo día también), allí mi
madre tuvo que coger las riendas, pero luego, ya lo he podido hacer sola. Lo más rollo ha sido dormir toda la noche en
la misma posición, boca arriba. El segundo día también me quitaron todos los
vendajes y he podido contemplar mi bonita cicatriz. Los cirujanos hicieron un
gran trabajo.
La Vuelta a Casa
Llegué muy contenta a mi casa. En el hospital, al darme
el alta, solo me habían dicho que no podía coger peso y no podía hacer esfuerzo
abdominal. Hubiese echado en falta algún detalle más: qué puedo hacer para
ayudar a la recuperación, cómo puedo ayudar a la cicatriz para que a futuro
tenga mejor comportamiento, si he de tomar algo de vitaminas, bueno, estas
dudas que supongo nos surgen a todas. Me sentía como cuando di a luz con cesárea. Como en un posparto
sin niño, lo cual frustra bastante. Aquí llego a otra cuestión psicológica del
mioma. El mioma, como forma frustrada de respuesta del organismo al deseo de
tener otro hijo. Que, en mi caso, por razones y circunstancias no pudo ser. En
todo el proceso he encontrado similitudes entre la historia del mioma y el
embarazo, parto y posparto. La gente cuando me veía andando por la calle,
despacio y tipo pato, pensaba que estaba embarazada. Hasta mi hijo (al
explicarle la operación), me dijo, "mamá, tengo un hermano que se llama Mioma":)
. Sin hacer un drama de ello, quizás este blog sirva para despedirme del deseo
de tener más hijos, sin rencores, y con la tranquilidad que te da haberlo
concientizado, reconocido, y haberlo soltado.
La Recuperación
Vuelvo a recordar que todo lo que estoy contando habla de
mi caso particular, y que no puede servir de guía para nadie. Las recuperaciones
son diferentes de caso a caso y cada una de nosotras tiene sus tiempos de
recuperación, su forma física anterior, mayor o menor cicatriz según la
intervención, etc. Yo solo cuento mi caso.
La pieza fundamental de las primeras 2 semanas ha sido mi
madre. Gracias a ella, no he tenido que preocuparme por hacer la compra,
cocinar, cuidar del niño… Sin ella, todo hubiese sido infinitamente más
complicado.
Primera semana: Sentía la tripa muy muy hinchada, muy
rígida y pesada. Empecé andando 20 minutos el primer día, luego 30
minutos, luego 1 hora y así hasta llegar en la segunda semana a andar casi 2
horas al día. Me imponía a mí misma andar erguida y con el peso un poco hacia
atrás, ya que mi cuerpo tendía a encorvarse. De vez en cuando me cogía la tripa
con la mano (como hacen las embarazadas) para ayudar un poco a los pinchazos y
al dolor. Al principio no me podía poner pantalones, solo vestidos
anchos. A la semana, ya utilizaba mis pantalones, pero sin poder abrocharme.
Segunda semana: La tripa empezó a deshincharse, poco a
poco. No tan rápido como me hubiese gustado, pero bueno. Seguía andando, cada
vez con más agilidad. Ya podía dormir de lado, algún rato en la cama. Me echaba un crema llamada "Caléndula Salbe Heel S", que me ha ido muy bien.
Tercera semana: Ya andaba unos 8 km al día, y recuperé la sensación de ser yo misma, a nivel de movimientos. Intente conducir, pero el freno de mano (muy duro en el caso de mi coche) fue una molestia para el abdomen.
Cuarta semana: Ya podía conducir. Empecé a echar silicona en la cicatriz y también a hacer pequeños masajes a lo largo de la misma. Muy suave, y después de haberme asegurado que la cicatriz estaba cerrada. Me incorporé al trabajo, aunque aguantar todo el día, se me hizo largo.
Sexta semana: A partir de esta semana es cuando ya me olvidaba que estaba operada, en mi día a día. La cicatriz estaba solo un poco hinchada todavía, las bandas de silicona me ayudaron bastante. Probé correr unos 3 kilómetros y no ha ido nada mal. Todavía era pronto para volver a hacer pilates, o a esquiar, pero ya me sentía muy recuperada y muy ágil.
Tercera semana: Ya andaba unos 8 km al día, y recuperé la sensación de ser yo misma, a nivel de movimientos. Intente conducir, pero el freno de mano (muy duro en el caso de mi coche) fue una molestia para el abdomen.
Cuarta semana: Ya podía conducir. Empecé a echar silicona en la cicatriz y también a hacer pequeños masajes a lo largo de la misma. Muy suave, y después de haberme asegurado que la cicatriz estaba cerrada. Me incorporé al trabajo, aunque aguantar todo el día, se me hizo largo.
Sexta semana: A partir de esta semana es cuando ya me olvidaba que estaba operada, en mi día a día. La cicatriz estaba solo un poco hinchada todavía, las bandas de silicona me ayudaron bastante. Probé correr unos 3 kilómetros y no ha ido nada mal. Todavía era pronto para volver a hacer pilates, o a esquiar, pero ya me sentía muy recuperada y muy ágil.
Lo mejor de todo, me sentía contenta por soltarlo, por haberlo pasado y poder nuevamente hacer vida normal. Este periodo de baja, me ha servido para descansar, para desconectar, para relativizar y para volver a encontrarme con lo que de verdad me gusta. Mi familia, mis amigos, estas personas especiales, estas aficiones, o esos sueños.... No puedo más que dar las gracias por todo el cuidado y el bienestar que he sentido gracias a ellos
Octubre - Diciembre de 2019
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